Patrimonio Cultural y Etnográfico

Paisajes del Sistema Agrario

LOS PAISAJES CULTURALES DEL SISTEMA AGRARIO TRADICIONAL

La UNESCO (1997) ha declarado que los paisajes culturales representan el trabajo conjunto de la naturaleza y el hombre, y que son ilustrativos de la evolución de la sociedad humana y de sus asentamientos a lo largo del tiempo bajo la influencia de los condicionantes físicos y/o las oportunidades presentes en su entorno natural. Por otra parte la Convención Europea del Paisaje (Consejo de Europa, 2000) subraya que el paisaje atestigua las relaciones pasadas y presentes de los seres humanos con su marco de vida, su contribución a la elaboración de las culturas y de las tradiciones locales, y cómo el paisaje representa, de hecho, una componente esencial del patrimonio natural y cultural europeo.

Los paisajes de Terras do Miño muestran esta adaptación del ser humano a los diferentes condicionantes del medio, tal y como se refleja en las formas de organización agraria tradicionales y en las prácticas culturales ancestrales.

El geógrafo francés Abel Bouhier (1979) realizó una caracterización exhaustiva de estas particulares formas de organización agraria, cuya impronta en el paisaje ha supuesto una determinada organización espacial del hábitat humano, del espacio agrario que incluso se ha reflejado en la presencia de elementos etnográficos característicos. En la figura de abajo se refleja la distribución de estas particulares formas de organización agraria en las Terras do Miño.

Unidades del paisaje agrario en Terras do Miño

Este autor distinguió en Terras do Miño dos tipos principales de organización agraria: un bocage (pequeñas parcelas rodeadas de muros y setos) similar al bretón en las montañas septentrionales, las agras (grandes extensiones de cultivo con un único cierre perimetral externo dado el carácter colectivo de su aprovechamiento), y de forma puntual aparecen los viñedos en sucalcos (terrazas) entorno al río Miño en el sector sudoeste. Puesto que los cambios en la organización agraria no llegaron a Galicia hasta mediados del siglo XX, la esencia de estos paisajes culturales ha podido llegar hasta nuestros días a través de la pervivencia de una configuración espacial particular, de la continuidad de elementos etnográficos característicos (cierres, hórreos…) y de las prácticas culturales ancestrales.

El bocage se encuentra localizado en la parte septentrional de Terras do Miño. La organización en retícula del espacio agrario característica del bocage, que se mantiene en parte de las montañas septentrionales, estaba ligada además de a un hábitat disperso con aldeas de pequeño tamaño, a una baja presión demográfica relacionada con la supervivencia ante los duros condicionantes impuestos por el medio. El espacio agrario ocupaba una superficie reducida y estaba rodeado por grandes extensiones de monte (lo que supone la principal diferencia con el bocage bretón en el que el monte ocupaba una superficie mínima), presentando como cierre exterior un valado (muro de tierra) y divisiones internas con sebes (setos) entre las leiras (parcelas). Las leiras solían estar sometidas a rozas y en su aprovechamiento se alternaban las toxeiras (cultivos de tojo) con el pasto y la tierra cultivada, de ahí la necesidad de cercar todas las parcelas. En la actualidad en algunos de estos retazos de paisaje en mosaico todavía se realizan los aprovechamientos de las toxeiras (esto explica la alta cotización de la semilla de tojo en los mercados locales de la zona).

El agra se corresponde a la forma de organización agraria de mayor importancia en cuanto a extensión en Galicia. El agra es un bloque de tierra cultivada con un cierre externo y dividida en su interior en leiras (parcelas) abiertas. Presentaba diversos matices en función del relieve, de la organización del hábitat y del contacto con otras formas de organización agraria por lo que Bouhier (1979) distinguió varios sectores o subtipos en Terras do Miño:

  • Sector de transición del bocage a las agras
  • Sector central de grandes agras
  • Sector oriental

El sector de transición del bocage a las agras se caracterizaba por la presencia de ambos tipos de organización agraria, con la particularidad de que en este bocage predominan los cierres de piedra en lugar de los taludes, la parcelación era mucho más irregular y las agras eran de pequeño tamaño. La mayor densidad demográfica se tradujo en el incremento de tamaño de las aldeas, destacando la proliferación de pueblos a partir de los años 50 entorno a los principales ejes de comunicación (dirección Vilalba, Ordes).

En el sector central de grandes agras, como su nombre indica, las agras ocupaban una gran extensión de la superficie agraria (entorno a las 20 ha), destacando la gran fragmentación parcelaria en las zonas con mayor densidad demográfica. La mayor presencia humana se ha traducido también en un incremento del tamaño de las aldeas, observándose todavía una tendencia a estructuras laxas en la Terra Chá frente al carácter más compacto de las aldeas situadas alrededor de Lugo y en la parte sudoeste.

El sector oriental se caracterizaba por presentar agras de un tamaño intermedio (entorno a las 10 ha), con un hábitat caracterizado por aldeas pequeñas o medianas, más aisladas cuanto más próximas estaban al área de montaña. En la zona montañosa, la parte esencial de las tierras agrarias eran las cortiñas (tierras de cultivo de buena calidad cercadas), sometidas a cultivos variados e ininterrumpidos, y los prados. Las agras solían ocupar terrenos de peor calidad, incluso los sectores de fuertes pendientes.

La organización en agras se caracterizaba por una rigurosa disciplina de rotación de cultivos: cada año se realizaba un mismo cultivo o cultivos equivalentes con el mismo ciclo vegetativo (patatas y maíz por ejemplo). Las agras se cerraban después de la siembra y se abrían antes de la cosecha del cultivo principal en una fecha fijada. Se ponían cierres temporales como montones de piedras, terrones de tierra, barras de madera con zarzas… para impedir el acceso al ganado.

La expansión de la patata a principios del siglo XX supuso fuertes cambios en estas formaciones agrarias que tuvieron que flexibilizarse. Así, se generalizó el empleo de cierres ligeros y temporales del tipo sebes pertenecientes a grupos de vecinos, para aislar las parcelas de patatas.

El carácter colectivo de estos cierres evitaba problemas entre los vecinos y así el año en el que se cultivaba centeno, se eliminaban todos los cierres y se volvía al régimen normal del agra comunal. Por otra parte, se generalizó el uso de cancelas (barreras de madera) para cerrar los principales accesos al agra.

Finalmente destaca por su originalidad y por poner de manifiesto el ingenio del ser humano para adaptarse al medio, la zona de viñedos en sucalcos (terrazas) entorno al río Miño a su paso por los municipios de O Páramo y Guntín, cuyos orígenes se remontan probablemente a la época romana, y que en cualquier caso tuvo su periodo de esplendor en el periodo medieval. Durante siglos se ha mantenido el trabajo manual en las viñas así como los costosos muros de piedra que sostienen las terrazas, que evitan de este modo graves problemas de erosión.

La impronta en el paisaje de estas formas de organización agraria que han estado vigentes hasta hace unas pocas décadas, se manifiesta especialmente a través de los cercados, como huellas que nos permiten adivinar los antiguos trazados y la configuración del paisaje agrario tradicional. Pueden ser valados (taludes) y sebes (setos) como en el caso del bocage en las montañas septentrionales, aunque lo más frecuente es que sean muros de piedra (tipo de cierre principal en las agras).

Los muros pueden ser de varios tipos en función de las condiciones litológicas locales y del saber hacer local: muros de pequeñas piedras, grandes bloques, de chantos… destacando la originalidad en las montañas orientales en las que los cercados son fragmentos de muros de piedra alternados con sebes (ramas entrelazadas sobre estacas de castaño). Todos estos muros han sido mantenidos colectivamente durante siglos por los vecinos de las parroquias o de las aldeas correspondientes.

A continuación se ofrece una descripción más detallada de las tipologías de cierres existentes en Terras do Miño.

Los valados o taludes de tierra o de tierra mezclada con piedras son poco frecuentes en las agras. En el sector de las agras de Terras do Miño se localizan en los municipios de O Páramo, Láncara y O Corgo. El uso de muretes sin embargo está muy extendido y aparecen numerosas variantes:

En la Terra Cha de Cospeito, Castro de Rei, Begonte, Lugo y Guntín se presentan tres tipos: muretes de pequeñas láminas de esquistos ensambladas unas con otras (a veces mediante arcillas, muretes en los que se alternan bloques de contención triangulares o trapezoidales fijados por su base a la tierra, y rodeados de pequeñas láminas de esquistos ensambladas como en el caso anterior y, por último, muretes de chantos constituidos por placas de pizarras o esquistos rectangulares bien escuadradas clavadas al suelo y ensambladas lateralmente unas con otras.

En el área de las llanuras occidentales, donde dominan las rocas cristalinas y metamórficas, existen varios tipos de muretes de cachotería (mampostería) formados por el ensamblaje de piedras irregulares de todos los tamaños e incluso con intercalaciones de pilares o bloques en intervalos más o menos regulares.

En las llanuras orientales el tipo de muretes depende de la roca madre y de la oferta de piedras existente. En los sectores con rocas cristalinas o muy metamorfizadas (Friol, Castroverde) éstos suelen ser como los de las zonas al oeste de las sierras.

En la parte noroeste del municipio se ha descrito un tipo curioso de muretes que consiste en la colocación de laxes (placas de piedra) de forma apuntada y clavadas al suelo, sobre las que en sentido diagonal se colocan otras dos laxes una a cada lado.

En las llanuras graníticas meridionales aparecen muretes de mampostería de factura mucho más cuidada, con bloques de granito tallados colocados de distintas formas.

En los últimos años se está extendiendo el uso de alambradas fijadas a postes de madera o metálicos que, en algunos casos, se intercalan entre los chantos para marcar las lindes.

Un aspecto característico de estos paisajes culturales es la influencia de la composición geológica de las rocas tanto en la elaboración de los cierres como en los materiales constructivos de las viviendas rurales tradicionales y demás construcciones adjetivas (hórreos, establos…). En Terras do Miño se constata un claro predominio de las pizarras o lousas en la elaboración de las cubiertas, tal y como se observa en la figura de abajo. En la parte sudoccidental predomina sin embargo la teja sola o combinada con lousas, mientras que de forma puntual destaca O Páramo por presentar cubiertas de lousa o tejados mixtos de teja y lousa.

Tipología de cubiertas de edificaciones en Terras do Miño

En lo que respecta a las viviendas tradicionales de Terras do Miño, a pesar de una cierta homogeneidad en cuanto a los materiales constructivos, salvo para los sectores mencionados anteriormente al hablar de las cubiertas, sí existe una diversidad de tipologías constructivas debida a la adaptación de los habitantes de estas tierras a las condiciones particulares del medio: climáticas, fisiográficas, calidad de los suelos, la presencia de agua…

Así contrasta la precariedad de muchas de las viviendas presentes en las áreas montañosas, donde las condiciones de vida son mucho más duras, frente a las viviendas presentes en las zonas llanas con clima más benigno y una economía agraria de mayores rendimientos.

En el área correspondiente a las montañas septentrionales (plano topográfico) la originalidad del paisaje en bocage se manifiesta también en la arquitectura tradicional. Destacan sus casas aisladas por lo general de planta cuadrada, de un solo piso y con cubierta a cuatro aguas de tejas de esquistos o lousas (tejas de pizarra) cuyas airas (patios) y huertas están delimitadas por muretes o sebes (setos) altas y espesas de laurel. Por lo general presentan en sus proximidades un hórreo (construcción para la conservación de los productos del campo) de reducido tamaño y de cubierta similar a la de las casas.

La arquitectura tradicional de las sierras orientales (plano topográfico) se caracteriza también por su integración a un medio hostil en el que la pizarra es el material dominante. El tipo predominante de casas corresponde a viviendas de dos plantas con escalera exterior de piedra y cubierta de pizarra a dos aguas. En la planta baja se localiza el establo, donde además de guarecer a los animales se guardan el carro y los aperos de labranza. La planta superior dispone de un corredor de madera o patín de madera de roble o castaño, la cocina o pieza principal de la casa y dos pequeños dormitorios.

La arquitectura de las sierras occidentales (plano topográfico) se caracteriza por ser la teja el material predominante en las cubiertas presentando fundamentalmente dos tipos de viviendas: la casa de planta baja y la casa con sobrado (planta superior de madera abuhardillada). La casa de planta baja presenta una división para separar el sector dedicado al establo del ganado del espacio dedicado a la vivienda.

La casa con sobrado se caracteriza por tener una gran cocina en la que se ocupa todo el espacio hasta la cubierta y en el sector del establo está dividido por un tablado horizontal en dos estancias: el establo en sí y el sobrado, con dimensiones similares a éste y utilizado como granero. Además aparecen dos variantes de la casa con sobrado, una en la cual no se realizan divisiones interiores y el sobrado se utiliza como dormitorio, accediendo a él desde la cocina o el pasillo, y la casa con sobrado en la que se realizan una división con tablados en varios espacios ocupados por los dormitorios, a los que se accede por una escalera fija.

La arquitectura de las grandes llanuras y depresiones lucenses, se ha visto influenciada por unos condicionantes favorables como es la climatología favorable, la topografía poco accidentada, las buenas comunicaciones y una economía basada en los buenos resultados de la ganadería.

Se trata de la arquitectura gallega con edificaciones más amplias, caracterizada por una vivienda con un cuerpo único de grandes dimensiones, con dos plantas rectangulares o cuadradas bien definidas: la planta baja ocupada por los establos y la cocina y la planta superior con una solaina (corredor de piedra cerrado en la parte superior) en la fachada meridional, un comedor, varias habitaciones y una despensa.

El material base para la construcción de estas viviendas es la pizarra, aunque se intercalan piezas de cantería en ventanas, puertas…

Finalmente está la arquitectura ligada a los viñedos en terrazas de Terras do Miño, caracterizadas por encontrarse en terrenos en pendiente próximas a los viñedos.

Se trata de viviendas de dos plantas de forma que la planta baja está semiexcavada en la ladera para utilizar una parte como bodega, otra como almacén de los aperos y útiles agrícolas y la última como establos. Al piso superior, utilizado como vivienda, se accede por unas escaleras unidas o no a un corredor de madera.

Dentro de las construcciones adjetivas ligadas a la arquitectura tradicional características de estos paisajes culturales destacan los hórreos. El hórreo es una construcción agraria destinada a guardar los productos del campo en general y fundamentalmente para desecar, almacenar el maíz y protegerlo de los roedores. Su origen es probablemente prerromano, aunque su primera representación, en este caso pictórica, se corresponde a una miniatura de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio (Siglo XIII).

En Galicia existe una gran variedad de tipos de hórreos, diferenciados según los materiales constructivos, formas y tamaños. En general se constata su adaptación tanto al clima lluvioso y húmedo, como a la litología local.

El geógrafo Bouhier (1979) hizo una caracterización general de los tipos de hórreos existentes en Galicia, resultando que en Terras do Miño el tipo predominante es el denominado hórreo gallego frente al hórreo asturiano cuya influencia se extiende por el sector oriental y, de forma puntual, aparecen los hórreos denominados primitivos, en este caso llamados cabazos.

El hórreo gallego se diferencia del hórreo asturiano, fundamentalmente en que este último es de planta cuadrada y tejado principalmente de pizarra a cuatro aguas.

Tipología de hórreos en Terras do Miño

Martínez Rodríguez (1999) ha realizado una caracterización exhaustiva que muestra la diversidad de tipologías mencionadas anteriormente. Para Terras do Miño ha distinguido varios tipos de hórreo gallego en función básicamente de los materiales empleados en su construcción, cuya área de influencia aproximada se ha representado en la figura de la izquierda.

A continuación se describen los cuatro tipos de hórreo gallego presentes en este territorio: el hórreo primitivo, el hórreo de madera, el hórreo mixto y el hórreo de albañilería.

El hórreo primitivo presenta la forma más simple de los hórreos. Son de reducidas dimensiones y están construidos con ramas o varas flexibles entretejidas en una labor de cestería y techo de paja de forma cónica. Se asientan sobre postes o sobre cepas (muretes de sostén) al igual que los hórreos asturianos. En Terras do Miño son hórreos de planta circular por lo que reciben el nombre de cabazos.

El área donde su presencia es mayor es el sector de Palas de Rei, Guntín y Monterroso, aunque se constata su presencia puntual en otras zonas como O Páramo, O Corgo, Friol…

El hórreo de madera se caracteriza por el trabajo de carpintería en madera para realizar la cámara o cuerpo del granero. En Terras do Miño se extiende por la mayor parte de la meseta lucense destacado el tipo Vilalba que se asienta sobre cepas o sobre cepas macizas bajas (soporte de mampostería seca de la misma dimensión que la cámara del granero sobre el que se apoya ésta) y se caracteriza por ser un hórreo de dimensiones pequeñas con una cámara estrecha y alta, con una pequeña galería cubierta en la entrada al hórreo.

El hórreo mixto se extiende por la franja noroccidental de Terras do Miño. Su carácter distintivo se muestra en que para la construcción de la cámara se utiliza piedra y madera. Se trata fundamentalmente del tipo Mondoñedo caracterizado por ser de suspensión alta con la estructura base de la cámara de piedra y el resto del armazón de madera. El techo suele ser a cuatro aguas en pizarra y se asienta sobre cepas.

El hórreo de albañilería se localiza en un pequeño sector al sudoeste de Lugo. Está realizado con ladrillos, presenta una puerta de madera y se asienta sobre cepas o sobre cepas macizas. Es el denominado tipo Lugo caracterizado por su pequeño tamaño y de factura poco cuidada en general. Su origen es reciente, presentándose con mayor frecuencia en los lugares donde predomina o predominaba el hórreo de madera, o donde la introducción del hórreo es reciente.

El abandono de la actividad agraria supone la pérdida de funcionalidad de estas construcciones tan originales y por lo tanto se cierne ante ellos la amenaza del deterioro y desaparición (incluso su venta y exportación) de estos elementos característicos del paisaje rural, puestas ya de manifiesto en un Decreto de protección sobre los hórreos gallegos y asturianos de 1973.