Características Biológicas

Tipos de Hábitats - Turberas

ESPECIES CARACTERÍSTICAS

De acuerdo con las categorías establecidas por la Directiva Hábitat, los complejos turbosos existentes dentro del territorio propuesto se podrían diferenciar, en función de sus características genéticas y ecológicas, en tres grupos principales: “Blanket Bogs” (Turberas de cobertor), “Raised Bogs” (Turberas altas) y “Fens” (Turberas bajas). La distribución de cada uno de estos tipos de turberas está claramente determinada por condicionantes mesoclimáticos y del sustrato, por lo que con carácter descriptivo puede resultar útil establecer una diferenciación entre las dos grandes unidades paisajísticas principales: las áreas de montaña periféricas, frente a las grandes llanuras y valles interiores.

A. Humedales de las áreas de montaña

El predominio de las formas verticales que caracteriza los territorios montañosos, puede limitar el desarrollo de los humedales a aquellos ambientes en los que exista algún condicionante morfológico que permita almacenar los aportes del agua, ya sean procedentes de la lluvia, de la escorrentía, o freáticos. Tales formaciones podrían englobarse bajo la denominación general de humedales topógenos. Sin embargo, las condiciones climáticas pueden ser determinantes por si solas en la aparición y desarrollo de ciertos humedales, independientemente de las características morfológicas del territorio. Esto ocurre en regiones de elevada pluviosidad y sobre todo en las que existe un reparto anual equilibrado, muchas veces compensado por las precipitaciones ocultas (en forma de niebla o rocío) durante los meses de menor aporte, que reducen significativamente la evaporación y favorecen el desarrollo de humedales ombrógenos.

Los humedales ombrógenos o pluviales corresponden de forma exclusiva a las denominadas turberas de cobertor (turberas de manta, cobertera, cobertor), también conocidas como “Blanket Bogs”. Dado que se desarrollan esencialmente a partir de agua de lluvia y de las precipitaciones ocultas (rocío, niebla, etc.), son turberas separadas del flujo regional de aguas subterráneas o de escorrentía, y por tanto constituyen un grupo bien diferenciado del de los humedales de recarga (Ramil-Rego et al. 1996 a, 1996 b, 1996 c).

La disposición de las Sierras Septentrionales actúa como barrera para la progresión de los frentes húmedos procedentes del océano y confieren a este territorio una elevada pluviosidad. En condiciones anticiclónicas las nieblas y el rocío otorgan al conjunto montañoso unas condiciones climáticas peculiares, amortiguando considerablemente la evaporación y favoreciendo la persistencia de los humedales. La entidad de esta capa de niebla es perceptible desde las áreas más continentales de la Terra Chá como un manto nuboso que cubre las elevaciones más altas de la montaña, presagio de condiciones cálidas y secas. Por el contrario, en la montaña determina un clima riguroso, caracterizado por una niebla húmeda que la cubre la mayor parte del día, y por el continuo viento.

Las áreas con turberas de cobertor que mantienen una deposición continua de turba, están hoy cubiertas por una pradera densa y homogénea de ciperáceas y cárices, en las que domina Eriophorum angustifolium, junto con el endemismo del noroccidente ibérico Carex durieui. Ambas especies dan nombre a una asociación característica: Carex durieui – Eriophoretum angustifolii, en la que también se incluyen diferentes gramíneas: Molinia caerulea, Deschampsia flexuosa, Agrostis curtisii, que contribuyen a formar un manto cespitoso, interrumpido por la presencia de individuos aislados de Calluna vulgaris y Erica mackaiana, etc. Con menor frecuencia aparecen Carex echinata , Hypericum elodes, Parnassia palustris, Viola palustris, Narthecium ossifragum, Drosera rotundifolia, etc.

La retracción de las turberas de cobertor ocasionada por las modificaciones climáticas, propició en estas montañas el desarrollo de otro tipo de formaciones vegetales: bosques planocaducifolios, matorrales secos, brezales húmedos (dominados por endemismo ibérico-iverno Erica mackaiana) y turberas altas (Raised Bogs).

Las turberas altas son humedales de captación o de descarga. Es decir, tienen una alimentación hídrica no exclusivamente pluvial, aunque en parte de la turbera puedan existir subsistemas (esfagnales, abombamientos) cuyo desarrollo sea exclusivamente ombrógeno. Según el criterio de la Directiva Hábitat, estos complejos turbosos son clasificados como turberas altas, al situarse la capa freática a lo largo del año en una posición más elevada que la del medio terrestre circundante. Salvo en los abombamientos “ombrógenos”, los aportes del agua de lluvia son menos significativos que los procedentes de la escorrentía, de las capas freáticas y de las surgencias. La no dependencia pluvial posibilita que este tipo de humedales aparezcan en áreas de menor precipitación, aunque están condicionados por la existencia de unas características geomorfológicas que favorezcan la captación de aguas subterráneas o superficiales (humedales mixtos), e impidan o dificulten el drenaje.

A partir de criterios morfológicos, las turberas de descarga existentes en el territorio propuesto presentan topografías que pueden variar entre el tipo Raised Bog (turbera alta) o un Fen (turbera baja), si bien en muchos sistemas turbosos la topografía es compleja y propicia la proliferación de estadios de transición entre ambos tipos. Dentro del concepto general de turbera de captación, se podría establecer una tipología en función de particularidades genéticas y morfológicas que comprende varios tipos principales, representados en el territorio propuesto:

Las comunidades vegetales presentes en todo el conjunto de turberas altas activas son variadas, y están adaptadas a diferentes estadios dentro de la dinámica del humedal. Existen desde etapas pioneras o primocolonizadoras, hasta fases propias de biotopos turfófilos e higroturfófilos. El inicio de la formación de la turbera puede relacionarse con la existencia de charcos o áreas que reciben una cierta afluencia de agua, sobre la que se desarrollan comunidades pioneras: tapices discontinuos de Sphagnum (Sphagnum papillosum, Sphagnum auriculatum, etc.) que favorecen la implantación de plantas graminoides higrófilas, fundamentalmente Eriophorum angustifolium y Molinia caerulea , pero también Rhynchospora alba , Eleocharis multicaulis, Juncus bulbosus, Drosera rotundifolia, Drosera intermedia, Narthecium ossifragum, etc. Estas formaciones pioneras, que se incluyen dentro de la asociación Drosero intermediae-Rhynchosporetum albae (Fernández Prieto et al . 1987), se encuentran frecuentemente unidas a bordes de charcos temporales, a lugares por donde fluyen de forma difusa los aportes de agua superficial y a áreas degradadas por procesos erosivos.

Otras formaciones pioneras se adscriben a la comunidad de Sphagnum pylaisii. Esta comunidad aparece ligada a huecos desnudos, más o menos encharcados, de humedales turfófilos o brezales higrófilos. Se caracteriza por el predominio de Sphagnum pylaisii, especie que dentro de la Penínusla ibérica se localiza casi exclusivamente en unas pocas localidades de este territorio: Cadramón, Veiga de Samarugo y Coto do Bispo, acompañado por Carum verticillatum y en menor medida por Molinia caerulea, Carex panicea, Eriophorum angustifolium y los endemismos Arnica montana subsp. atlantica , Carex durieui y Ranunculus bulbosus subsp. gallaecicus.

En los estadios maduros, en los que se desarrolla una vegetación turfófila genuina, las formaciones pioneras tienden a ser sustituidas gradualmente por comunidades más densas, dominadas un tapiz continuo de esfagnos. En estos medios, el acúmulo periódico de restos vegetales provoca la elevación de la superficie del humedal, en relación con el relieve primitivo. Se aprecia así una microtopografía compleja, constituida por teselas abultadas, delimitadas por otras más o menos aplanadas o hundidas. Estas formas abultadas o en mamelón (en inglés bulten), que pueden llegar a alcanzar más de 200 cm de potencia con relación al nivel basal de la turbera y entre 30-50 cm con respecto a las áreas aplanadas, cubren hasta decenas de metros cuadrados en las Sierras Septentrionales, y reciben localmente el nombre de inlló.

Los inllós de mayor extensión están condicionados por la afluencia positiva de aguas freáticas que, al ascender por capilaridad entre los restos muertos de Sphagnum, favorecen el desarrollo superficial de la vegetación. A medida que progresa en altura el inlló, el crecimiento de las plantas se vuelve cada vez más dependiente de los aportes pluviales, brumas y nieblas. Esta dinámica favorece una progresiva sustitución de plantas más higrófilas por especies turfófilas de carácter ombrotrófico. En la superficie del inlló se encuentran céspedes densos y apretados que destacan por su configuración ondulante y por presentar colores granates, rosados o rojizos, debido al predominio de Sphagnum capillifolium y Sphagnum subnitens. Además abundan otros briófitos: Sphagnum papillosum, S. tenellum, S. compactum, S. auriculatum, Odontoschisma sphagni, Kurzia pauciflora, Calypogeia spp., Leucobyrum juniperoideum, Racomitrium lanuginosum, Dicranum scoparium, Hynum spp., Pholia spp., etc., mientras las fanerógamas son más bien escasas: Carex durieui, Drosera rotundifolia, Drosera intermedia, Erica mackaiana, Calluna vulgaris, Myrica gale y, de forma esporádica, Salix repens, Salix atrocinerea e incluso Vaccinium myrtillus y Ulex gallii.

El conjunto de las comunidades de turberas planas y abombadas, con predominio de Sphagnum de carácter higrófilo, se incluyen dentro de la asociación Erico mackaianae-Sphagnetum papillosi. Se caracterizan por su homogeneidad y por la presencia de la ciperácea endémica Carex durieui. Cuando las oscilaciones de agua son más acusadas y el espesor de turba es menor, el inlló desarrolla densos tapices de esfagnos mesohigrófilos que se intercalan entre la turbera y los brezales higrófilos. Estas formaciones corresponden a la asociación Erico mackaianae- Sphagnetum compacti, y dan al inlló un característico color verde o verde-amarillento, debido a la presencia de Sphagnum compactum, Sphagnum tenellum y Sphagnum auriculatum.

Un nivel de mayor evolución viene marcado por la extensión de estos humedales, que recubren progresivamente las áreas más externas del alvéolo, produciéndose la interconexión de las distintas turberas mediante un mosaico de brezales (Gentiano pneumonanthe-Ericetum mackaianae) y otras formaciones higrófilas (Arnicetum atlanticae, Sphagnetum pylaisii).

La mayor extensión de turberas altas se localiza en los macizos graníticos del Buio y Toxiza, que por acción de la alteración alveolar presentan un sistema heterogéneo de áreas deprimidas, conectadas unas, aisladas otras, en las que se acumula el agua de lluvia y la procedente de los aportes superficiales y freáticos. Estas turberas altas de alvéolo tienden a adquirir en sus estadios de madurez topografías elevadas, constituidas por un encadenamiento de cordones o abultamientos (“tetos”), depresiones y pequeños canales, cuya disposición espacial da lugar a topografías muy características. En los grandes alvéolos graníticos la acreción de turba no siempre forma un relieve abombado, sino que a veces tiende a recubrir toda la cubeta, a la vez que reduce la entidad del sistema de cordones, formándose las turberas altas planas. No obstante, las formas abultadas abundan en los fondos aplanados de las cabeceras de los valles fluviales del interior del sistema montañoso (turberas de fondo de valle). La más amplia representación corresponde al nacimiento del Eume, en la Veiga do Real o Chan do Eume, al pie del pico Xistral.

En las áreas de mayor altitud, las turberas altas se mezclan con brezales húmedos ocupando frecuentemente antiguos depósitos de turbera de cobertor, por lo que la transición ecológica con estas se hace en muchos casos imperceptible. El antiguo sedimento turboso favorece el mantenimiento de los brezales húmedos en aquellas áreas de menor pluviosidad, pero en las que las criptoprecipitaciones tienen todavía una acción relevante. Las turberas altas ocupan pequeños depresiones, algunas de ellas heredadas de la morfogénesis glaciar (turberas de obturación glaciar), aunque son más abundantes y extensas las turberas que se forman en áreas de ruptura de la capa freática (turberas de ladera o chorrera), que liberan el agua acumulada previamente por las turberas de cobertor.

El conjunto de humedales existentes en las estibaciones de la Sierra del Xistral constituye un ecosistema singular, el último vestigio de los paisajes que dominaron el territorio atlántico europeo en periodos de mayor rigurosidad climática. La diversidad de paisajes, hábitats y especies vinculados a estos humedales, así como los usos tradicionales que el hombre ha hecho de estos medios, dotan de gran singularidad a este territorio montañoso, en el que se encuentra actualmente la mayor biodiversidad de humedales turfófilos del SO Europeo.

En el resto de los territorios montañosos, debido a su distanciamiento al mar, los humedales tienen siempre un origen topógeno. Su número y distribución esta fuertemente condicionada a la existencia de morfología que propicie la acumulación de agua, hecho que determina que su número y sobre todo su extensión en relación a las Sierras Septentrionales sea significativamente menor. Así, los diversos tipos de turberas (turbera altas y turberas bajas) y medios higrófilos, constituyen en estos casos islas húmedas dentro de amplias extensiones de matorrales y herbazales secos.

B. Humedales de las llanuras y valles interiores

Contrapuesta a la Montaña, esta segunda entidad paisajística se caracteriza por la horizontalidad de su relieve. Engloba un mosaico de llanuras y valles fluviales, en la que se suceden grandes espacios horizontales: valles, superficies aplanadas y depresiones sedimentarias, estructuradas alrededor de la cuenca alta y media del río Miño. Su distanciamiento con respecto al área litoral provoca una estacionalidad de las precipitaciones, de modo que impide el desarrollo de humedales ombrógenos. Pero su morfología favorece la captación, transporte y almacenamiento de los aportes pluviales, propiciando la existencia de un complejo sistema de humedales topógenos, cuya génesis y funcionamiento están condicionados por flujos hídricos de carácter superficial o subterráneo.

Excluyendo los medios riparios, el resto de los humedales existentes en la Terra Chá pueden clasificarse en dos grandes grupos, en función al origen del flujo hídrico dominante. Los más abundantes y extensos corresponden a los alimentados por aguas superficiales, en los que el encharcamiento depende básicamente de derrames de cauces fluviales y de los aportes de agua de escorrentía. El encharcamiento adquiere una mayor entidad superficial y temporal en las llanuras aluviales sobre sustratos impermeables, fundamentalmente arcillas. Tras el periodo de crecida, el mantenimiento de las condiciones húmedas se ve propiciado por la existencia de un nivel freático situado en la proximidad de la superficie del suelo. Junto con los humedales que tienen una dependencia directa con el flujo hídrico superficial se encuentran otros en los que este aporte se reduce y se compensa con el flujo subterráneo.

El primer escalón entre las montañas periféricas y las depresiones interiores vendría marcado por las bocarribeiras en contacto con la amplia llanura central de la cuenca. En ella encontramos cauces poco encajados de órdenes 3-4, que alimentan amplias áreas higrófilas o higroturfófilas: “gándaras”, “veigas”, establecidas en zonas de relieve deprimido en las que afloran sedimentos impermeables.

En la Terra Chá los aportes subterráneos tiene habitualmente un carácter local, hecho que determina la existencia de medios higrófilos o pequeñas charcas semitemporales en las que las condiciones y comunidades acuáticas se reducen drásticamente, o incluso llegan a desaparecer en el periodo estival. Si el aporte subterráneo es de mayor entidad el humedal se hará permanente, propiciando la formación de charcas y lagunas someras (25-75 cm) de carácter estable, frecuentemente rodeadas de medios higrófilos o incluso higroturfófilos más o menos extensos.

En condiciones no alteradas las lagunas de flujo subterráneo suelen presentar una orla de bosque palustre y formaciones de grandes cárices desarrolladas sobre sedimentos orgánicos, que marcan la transición con los bosques higrófilos y climácicos del territorio. La presencia de materiales de naturaleza caliza entre los sedimentos terciarios de la cuenca, dotan a las aguas de algunos de estos humedales de unas características diferenciadas, así como de comunidades vegetales y de animales propias, que son designados internacionalmente como “Fen”. La mayoría de los fens de la Terra Chá corresponden a pequeñas charcas ricas en carófitos, con amplias orlas litorales constituidas por carrizales palustres de Cladium mariscus, junto con espadañas (Typha latifolia). Más externamente encontramos orlas de brezales húmedos dominados por Erica tetralix, Genista anglica, Erica vagans o, de forma menos frecuente, por bosques pantanosos.